Enclave Morse
June 2008

Enclave Morse

Hoy en día una de las preocupaciones fundamentales del arte contemporáneo ha sido la relación que se establece con el público. Esta relación se podría leer desde el ámbito netamente comunicativo, en donde el artista funcionaría como el emisor, la obra como mensaje y el público como receptor. Este encadenamiento, aunque parezca básico, ha traído bastantes problemas para los estudios sobre recepción en el arte, debido a que el receptor no consigue captar el lenguaje en el cual se codifica la obra, que solo se limita a un grupo exclusivo de entendidos. El énfasis de la institución artística ha recaído constantemente sobre la figura del artista y su obra, antes de pensar que todo receptor o audiencia es el que concluye, y al mismo tiempo, abre la discusión de lo que se está observando, acción que problematizaría aún más el rol del artista y la funcionalidad de su obra en el tejido social.

Una de las preocupaciones del trabajo curatorial desarrollado, ha sido la de comprender una teoría de la recepción referida al arte contemporáneo, en donde la cultura visual amplía un repertorio visual para los sujetos a través de la publicidad, el video-clip, los medios, etc. Estrategias que ponen en cuestión los sentidos sociales del arte visual, y por sobretodo, la relación que establece con los receptores habituados a una gran profusión de imágenes que no necesariamente parten del arte. La curatoría de ¨Enclave Morse¨ se plantea la siguiente pregunta: ¿En qué medida el arte contemporáneo puede comunicarse con sus receptores, siendo que la propia opacidad del lenguaje de las obras los limita al enfrentarse a ellas? Una posible respuesta la entrega el trabajo desarrollado por el artista visual Cristhian Quijada.

Su obra problematiza la disfuncionalidad del arte respecto a la recepción, pero desde el propio arte. La operación se sitúa en la ruptura que se ha producido con los receptores, en donde el artista se transforma en un espectador más que alega por la incomprensión. Su estrategia se basa en analizar los fundamentos de codificación del arte moderno, específicamente se avoca a la lectura del Tratado de pintura de Alberti. En una de sus partes, el autor se refiere al dibujo, recurriendo al punto y la línea como signos constitutivos de las imágenes. Quijada los absorbe como significantes y los lleva a su propia materialidad, descubriendo que estos dos elementos son la base del sistema comunicacional Morse. Este sistema se basa en la triada citada en un principio (emisor-mensaje-receptor), pero que tiene como objetivo ser críptico, es decir, poco legible para un gran número de personas. Debido a este modo de operar análogo al del arte más actual, en relación con el receptor, el artista devuelve al punto y la línea al propio tratado, traduciendo cada palabra al lenguaje Morse. Esta operación de traducción se visibiliza en la serie de trabajos desarrollados en diversos materiales y lenguajes.

El cuerpo de obra se basa en tres trabajos tangenciales. El primero, la intervención sobre los muros de galería BECH, en donde el artista pinta puntos y líneas en blanco brillante, transformando a la galería en un módulo minimalista a través del Morse. Segundo, la traducción de la edición en castellano del tratado de Alberti al Morse; y, tercero, la realización de una performance en el Museo de Arte Contemporáneo en donde una filarmónica le dio sonoridad al tratado traducido, elaborando una pieza musical para los espectadores.

La curatoría en SAM se condujo a partir de una selección de los ejes principales de la obra y, además, tensando al artista a establecer nexos con otro tipo de lenguajes para ampliar aún más sus incursiones visuales a través de la música, la performance y la intervención.

Los trabajos que se presentan en SAM buscan entregar al espectador la propia opacidad del sistema artístico en su relación al público, ahora en formato video. El espacio galerístico fue dividido en dos. En el primer segmento, se exhibe un grupo de doce videos con diversos elementos filmados: una licuadora, un globo, pintura spray, radio de juguete, entre otros, los cuales son accionados por el propio artista extrayendo de ellos el sonido del Morse ininterrumpidamente. El segundo segmento, posee los muros pintados en negro opaco, sobre ellos se intervino con los signos del Morse aplicando pintura negra brillante, formando una gran sala oscura. En el muro posterior que divide la sala, se proyecta el video–registro de la performance realizada por la filarmónica.

El espacio galerístico connota la experiencia estética del espectador a percibir una ¨obra de arte¨, pero que en este caso lo que denominamos obra, se transforma en una resistencia a la misma. Se pone en escena la experiencia fragmentada del espectador a través de la performance del propio artista y la filarmónica, quienes tratan de instrumentalizar y decodificar el punto y la línea como elementos que esconden un significado, pero que se nos aparecen vaciados. Este trabajo nos hace dudar de la relación tan naturalizada que denominamos experiencia artística, llevándonos a repensar, desde nuestro propio contexto, una urgente y necesaria crítica a las instituciones.

Texto por Gonzalo Pedraza
Historiador del Arte y Curador