Lengua al Plato
May 2009

Recurso Natural

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ANXIETY

Ansiedad – consumo – insatisfacción – vacío – ruina — más ansiedad –más consumo – más insatisfacción – más vacío – más ruina……Y así, hasta el infinito.

Es el síndrome patológico que mueve la cultura contemporánea, un peligroso virus que se ha infiltrado en las mentes y los cuerpos que habitan las grandes ciudades.

Esta dinámica descontrolada está arrasando con todos los recursos. Según un reciente informe del Worldwatch –institución que investiga la sustentabilidad ambiental–el consumo exacerbado es la principal causa de la catástrofe planetaria. Pero las personas que consumen, dice el informe, son menos del 30% de la población mundial. No hay mucho misterio: lo que está sucediendio es que un tercio del mundo se llena la panza ante la mirada hambrienta de dos tercios.

La figura psicológica de la bulimia, como metáfora encarnada en un cuerpo individual, lleva esta tensión hasta su paroxismo. No por azar, esta enfermedad se ha reportado en todos los países del occidente post industrial. Definida como “desorden alimentario”, se caracteriza por episodios incontrolables en los que se injieren grandes cantidades de comida, seguidos por sentimientos de culpa que llevan a realizar violentas purgas para vaciar el estómago. La palabra Bulimia, que viene del griego, se construye a partir de dos términos de origen: “bous” –buey– y “limos” –hambre–. Hambre de buey.

La imagen tiene un tono salvaje, el mismo que resuena en el nombre que Rosario Carmona y Margarita Dittborn han escogido para su muestra: “Lengua el plato”. Título sucio, irritante, intencionalmente grosero. Título tramposo y doble, como los dos polos que las artistas montan. “Lengua al plato” como llamado de menú, que induce a la curiosidad, el deseo y el apetito. Pero también, como acción compulsiva “pasarle la lengua al plato”, haberse comido todo y seguir insatisfecho. Hay, en esta muestra, una combinación provocativa entre seducción y carencia: la enfermedad del placer.

Como si el espacio de exhibición se convirtiera en el gran teatro de un conflicto global e individual, Rosario Carmona y Margarita Dittborn ponen en escena su guión perverso. Desde el lenguaje visual –a través del cual habla también el cuerpo del artista– encarnan el abismo entre consumo y hambre, desplazándolo al registro de una paradoja emocional entre el deseo y la culpa. La muestra, de este modo, se estructura como el still life de esta contradicción. Las fotografías de Margarita Dittborn –cuya obra se ha mantenido en el registro de la seducción visual –se sostiene como inyección de voltaje al polo persuasivo. Son montajes de visualidad atractiva, especies de vitrinas, donde se ofrece una imagen suculenta, acumulación voraz de colores y formas, estímulo al consumo. En el polo opuesto, la instalación de Rosario Carmona –artista que ha trabajado la miniatura, el rigor y la austeridad –enfatiza ahora la atmósfera del vacío, de una cierta dispersión, de los platos que quedaron después del banquete. Un clima apocalíptico se apodera de la escena: donde antes hubo alimento, ahora hay moscas que sustituyen el placer por infecciones.

La energía del diálogo entre las dos artistas transmite una coherencia narrativa poco frecuente en muestras bipersonales. Se trata de dos autoras que llevan al formato visual una larga conversación previa, producto de una amistad emocional e intelectual que va más allá y más acá del espacio de exhibición, recogiendo influencias y contenidos de la vida cotidiana y de su intercambio psíquico. De modo que en la exposición no sólo vemos objetos e imágenes, sino que también leemos la relación que los conecta, como proyección biográfica de las autoras que logran aliarse en este guión narrativo que interroga al tiempo. Hay, en este montaje, un antes y un después. Un antes en la obra de Margarita Dittborn, que lanza la ilusión de una promesa. Y un después en la obra de Rosario Carmona, que asume la resaca del otro día de la fiesta. Es quizás el quiebre entre la modernidad, con su fe en el progreso, y la postmodernidad, con su constatación del desgaste. Entre medio queda el consumo, como un gesto para la imaginación, un acto fuera de cuadro, un pensamiento suspendido, una ansiedad que sigue flotando.

Catalina Mena
Egresada de Licenciatura en Periodismo en la Universidad Católica y de Comunicación Audiovisual en el UNIACC, Catalina Mena ejerce como periodista, crítica y curadora de arte., bajo el sello de su estudio de generación de contenidos. www.cmgeneraciondecontenidos.cl

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Bocetos: La enfermedad del placer